24 de enero de 2026 10:08 am

La escuela vasca arranca el curso 2025-2026 entre la innovación y la sobrecarga

El nuevo curso escolar comienza en Euskadi con un panorama ambicioso y lleno de retos. La escuela pública se encuentra en un punto de inflexión, con proyectos que apuestan por la innovación pedagógica, la digitalización y el refuerzo de competencias básicas, pero también con una fuerte presión derivada del aumento de alumnado vulnerable y de la sobrecarga del profesorado.

El curso 2025 2026 en la escuela vasca

OBK: una nueva figura contra la vulnerabilidad

Una de las principales novedades es la incorporación de la figura OBK, coordinadores de Bienestar y Protección. Este perfil nace para reforzar la acción tutorial y atender las necesidades emocionales y de convivencia del alumnado. Su papel es especialmente relevante en un contexto en el que la vulnerabilidad escolar no deja de crecer. Los centros públicos, muchos de ellos con ratios de complejidad educativa muy elevadas, serán los que asuman el grueso de esta tarea. La figura OBK simboliza un giro hacia la atención integral: no solo se trata de enseñar contenidos, sino de garantizar espacios seguros, cohesionados y capaces de dar respuesta a la diversidad del alumnado.

La inteligencia artificial pisa las aulas

El 2025-2026 también será recordado como el curso en el que la inteligencia artificial empieza a integrarse de manera real en la vida escolar. No hablamos de máquinas sustituyendo al profesorado, sino de herramientas digitales que permiten automatizar la burocracia, generar informes, crear contenido o analizar datos de aprendizaje. Para los docentes, supone una liberación parcial de las tareas más repetitivas y administrativas, y la posibilidad de dedicar más tiempo al acompañamiento pedagógico. Además, abre la puerta a nuevas formas de personalizar la enseñanza, con sistemas que detectan patrones de aprendizaje y ofrecen al profesorado información para ajustar sus métodos de forma más ágil y precisa.

Robótica y pensamiento computacional en la escuela

Junto a la IA, llega un impulso decidido a la robótica, la programación y el pensamiento computacional, integrados en el proyecto ADI (Escuela Inteligente / Eskola ADImentsua). Este plan busca que los niños y niñas de Primaria aprendan a pensar como programadores: a descomponer problemas, a diseñar soluciones paso a paso y a experimentar con la tecnología como herramienta creativa. El objetivo no es únicamente preparar futuros ingenieros, sino formar ciudadanos con competencias digitales sólidas y capacidad de adaptación a un mundo en constante transformación. Los talleres de robótica o de programación visual se consolidan como espacios de aprendizaje activo y motivador, donde el error se entiende como parte del proceso y no como un fracaso.

Programa Indartuz: apoyo en Primaria

El programa Indartuz refuerza la atención personalizada en Educación Primaria. Está diseñado para acompañar al alumnado con mayores dificultades, aportando apoyos dentro del aula y fomentando una enseñanza más inclusiva. En la práctica, supone contar con profesionales adicionales que trabajan mano a mano con el profesorado, centrados en mejorar la comprensión lectora, la expresión oral y escrita, y las competencias lógico-matemáticas. Indartuz refleja una filosofía clara: la escuela debe ofrecer a cada alumno lo que necesita, evitando que las desigualdades de origen se conviertan en desigualdades de destino.

Refuerzo en matemáticas, STEAM y lectura

La mejora de las competencias básicas es otra prioridad. En lectura, se han diseñado programas que permiten detectar precozmente las dificultades y ofrecer herramientas de intervención temprana. Plataformas como e-irakurzaletasuna buscan, además, despertar el placer de leer y consolidar hábitos que acompañen a los estudiantes más allá del aula. En el ámbito científico y STEAM, se fomenta un aprendizaje basado en la experimentación: que el alumnado formule preguntas, diseñe hipótesis, manipule materiales y saque conclusiones. Se trata de acercar la ciencia como una práctica viva, no como una acumulación de teorías. Por último, en matemáticas, se plantea un enfoque competencial, donde los números se entienden como herramientas para resolver problemas reales y no como meros ejercicios mecánicos.

Nuevas condiciones laborales para el profesorado

El inicio de curso llega acompañado de cambios en las condiciones laborales del profesorado. El nuevo acuerdo regulador introduce mejoras en permisos, licencias y conciliación, además de un reconocimiento más claro de la carrera profesional. Sin embargo, persiste una preocupación evidente: la reducción de la carga horaria no ha venido acompañada de un aumento suficiente de personal. Esto provoca que la redistribución del trabajo recaiga sobre los mismos equipos, generando tensiones y dudas sobre la capacidad real de implementar todas las medidas previstas. En este punto se juega buena parte del éxito o fracaso del curso: la calidad de las políticas educativas depende en gran medida de los recursos humanos que las hagan posibles.

El desafío de la equidad

El aumento del alumnado vulnerable es, quizá, el reto más complejo. La equidad educativa es un principio básico, pero su aplicación real exige medidas concretas, recursos extra y una planificación sensible a la diversidad de contextos. Las escuelas públicas son las que más directamente sienten el impacto de la desigualdad social, acogiendo a estudiantes que llegan con barreras idiomáticas, culturales o económicas. Atender a todos ellos de forma justa y eficaz implica apostar por más apoyos, programas de inclusión, orientación a familias y coordinación con otros servicios sociales. Además, implica comprometerse a repartir este alumnado vulnerable también en los centros concertados, en una proporción similar a la de los públicos, para que la carga no recaiga siempre en los mismos. Sin esa red y sin un reparto más equilibrado, el riesgo es enorme: las brechas educativas pueden agrandarse, cronificarse y comprometer seriamente el futuro del alumnado.

Un curso con tensiones y expectativas

El 2025-2026 se perfila como un curso decisivo. Sobre la mesa conviven la esperanza de una escuela más digital, inclusiva e innovadora, y la inquietud por la falta de recursos suficientes para sostener esas transformaciones. Los claustros arrancan el año con ilusión, pero también con el temor de no contar con manos suficientes para afrontar todo lo que se les pide. La pregunta de fondo es clara: ¿será capaz la escuela pública vasca de transformar la innovación en resultados tangibles y de garantizar que nadie se quede atrás? La respuesta dependerá de cómo se combinen las nuevas políticas con la realidad cotidiana de las aulas.

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