Más de 25 ministros y representantes de gobiernos han respaldado una declaración conjunta para orientar el uso de la inteligencia artificial en la educación. La UNESCO presentó el documento el 9 de septiembre de 2026, tras la Semana del Aprendizaje Digital celebrada en París. Su idea central es clara: la IA puede apoyar la enseñanza, pero su incorporación debe proteger la educación como bien común y mantener la capacidad de decisión de docentes y estudiantes.
La declaración llega en un momento en que muchas escuelas ya reciben trabajos elaborados con herramientas generativas, mientras buscan criterios para decidir qué usos son aceptables. En vez de recomendar una adopción sin condiciones o una prohibición general, la UNESCO propone construir reglas públicas, comprensibles y adaptadas a cada contexto educativo.
Ocho prioridades para incorporar la IA con criterio
El texto organiza sus recomendaciones en ocho ámbitos. Pide que las decisiones sobre IA respondan al interés público y puedan revisarse; que el alumnado conserve la comprensión crítica y no delegue en sistemas automáticos todo el razonamiento; y que el profesorado mantenga capacidad de decisión sobre la enseñanza y la evaluación.
También propone adaptar las herramientas a la edad y al desarrollo del alumnado, proteger los datos personales, reducir brechas de acceso y atender a estudiantes con distintas necesidades. Las instituciones deberían valorar el coste total y la interoperabilidad de las soluciones, además de desarrollar capacidad propia para gobernar estos sistemas. La declaración sitúa las relaciones humanas y el juicio profesional en el centro: la IA puede ayudar, pero no debe sustituirlos.
La UNESCO reclama además que quienes ofrecen tecnología educativa puedan explicar cómo funciona, permitan auditarla y asuman responsabilidades. Para un centro, esto significa preguntar qué datos recoge una herramienta, dónde se almacenan, qué ocurre cuando termina el contrato y qué pruebas respaldan su utilidad educativa.
Qué dicen los docentes sobre el uso de IA generativa
La noticia recoge resultados de una consulta a personas vinculadas a la red mundial de Cátedras UNESCO. El 93 % cree que el alumnado utiliza IA generativa para realizar tareas y el 63 % percibe un descenso de ciertas capacidades cognitivas. Conviene leer estos datos con precisión: describen opiniones de quienes respondieron; no son una medición directa del rendimiento del alumnado ni prueban que la IA cause ese descenso.
La mayoría de las personas consultadas espera que estas herramientas se utilicen en tareas concretas o que su uso se declare. Menos del 1 % apoya una prohibición completa y el 2 % permitiría un uso sin restricciones. La respuesta más frecuente parece situarse en el diseño de normas claras: explicar cuándo se puede usar la IA, qué debe documentar el estudiante y qué parte del trabajo debe poder defender con sus propias palabras.
Cómo llevar estas prioridades al aula
Un centro puede empezar con acuerdos sencillos para cada actividad. El docente puede indicar si se permite usar IA para generar ideas, revisar la redacción o crear un primer borrador; pedir que el alumno describa qué herramienta utilizó y qué modificó; y reservar una parte de la evaluación para una explicación oral, una reflexión personal o la revisión del proceso.
Estas medidas ayudan a que la evaluación observe el aprendizaje, no solo el documento entregado. También evitan convertir la declaración del uso de IA en un trámite vacío: lo importante es que el alumnado sepa justificar sus decisiones, comprobar datos y reconocer los límites de la respuesta generada.
Antes de contratar una plataforma, el equipo directivo puede pedir información sobre privacidad, accesibilidad, coste anual, exportación de materiales y eliminación de datos. Conviene probar la herramienta con una necesidad concreta y comparar el resultado con alternativas más simples. Una demostración llamativa no basta para acreditar que mejora el aprendizaje o ahorra tiempo de forma sostenida.
Una guía para decidir, no una receta única
La declaración de la UNESCO no resuelve todas las preguntas que plantea la IA en educación. Sí ofrece un marco útil para que las decisiones no dependan solo de la moda, de una licencia comercial o de la improvisación de cada docente. Cada comunidad tendrá que traducir esos principios en prácticas compatibles con su currículo, sus recursos y las edades de su alumnado.
En Maixua hemos reunido orientaciones sobre IA para profesores y sobre el potencial de la IA en educación. La noticia y la declaración completa pueden consultarse en la web oficial de la UNESCO.
Información revisada el 7 de octubre de 2026. Las cifras de la consulta se presentan como percepciones de sus participantes, no como resultados causales.
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